Si de verdad nos creemos que Jesús es para todos, callárnoslo en nombre de una supuesta libertad es tergivesar la realidad. La libertad estará, en todo caso, en querer continuar con el conocimiento o no de Jesús, en querer unirse o no a la Iglesia. ¿Pero qué libertad puede tener alguien de rechazar algo si ni siquiera sabe que ese algo existe, si no lo conoce?

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