Se acerca el día de Todos los Santos y el de los fieles difuntos y como si de un acontecimiento de etiqueta se tratase, a todos nos gusta que los sepulcros de los más cercanos estén cuidados y limpios para estos días. Es por ello que por las veredas de nuestros camposantos se ve un trajín de personas que van y vienen, limpian lápidas o ponen flores. Pero todo ello no es más que la señal externa de una realidad que para nosotros, desde la fe, es mucho más profunda.

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