El amor –el verdadero, no el de “San Valentín”– no se resigna, sino que más bien se rebela, invitándonos a ver las “cosas” de otra manera. No hay amores peligrosos, el acto de amar es un peligro en sí mismo. Es quizás por esto por lo que se ha inventado esto de San Valentín, para que no lleguemos a descubrir la verdad sobre el amor. Y es que sólo la verdad no hará libres.

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