¡Dios nos hizo únicos! Y creo que somos poco conscientes de este hecho. El reconocernos hijos de Dios y conocer los dones que nos ha dado nos permite transmitirlos a los demás. Gracias a esto la sociedad puede sentirse comunidad, sin ver la “diferencia de sus miembros” y por tanto no encontrar desigualdad. Nadie es más que nadie y TODOS somos hermanos.

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