En estos días se ha dado por concluido el Sínodo de los jóvenes que como sabemos fue convocado por el Papa Francisco, para acercar a la iglesia y a los jóvenes. Han sido días de oración, de reflexiones conjuntas, de preguntas, y quizás de alguna que otra respuesta. Creo que es momento de acción de gracias por todo lo bueno que momentos compartidos desde la fe hace brotar en nosotros y nos ayudan a crecer. Quizás hayamos vivido desde muy lejos este encuentro eclesial, pero no estará lejos de nosotros otros encuentros que cada día se dan en nuestras vidas y también nos llevan a un crecimiento personal y como humanidad, por eso aprendamos a dar gracias y a vivir agradecidos.

Dar gracias a Dios que da la oportunidad de poder disfrutar de su presencia en los hermanos.

Gracias por las sonrisas en el momento de encuentro, por las palabras que se hacen caricias. Por la fe compartida, por la vida vivida.

Porque apenas sin conocernos o con un camino ya andado, nos une, aquello que nos hace libres, el Amor de Dios.

Siento mi corazón lleno de nombres, mis ojos llenos de rostros, o lo que es lo mismo llenos de Dios.

Mi sentimiento de Iglesia de hoy ha sido fortalecido por cada una de las personas con las que comparto mí  día a día.  Me aportais al Dios que reina en vuestro corazón, cada gesto, cada palabra, cada silencio me ha emociona profundamente.

 Hoy me remito a dos experiencias de días pasados, porque se han vuelto a hacer patente.

-“Lo que se da se multiplica” Si das, si doy al Dios que habita en mí, en ti, tu vida dará el ciento por uno.

– “Decir Gracias, es decir estoy contigo”.

Pues con ese sentimiento de gozo, de estar siempre juntos y nunca queremos seguir caminando.

Gracias por Tu Fidelidad mi Dios, que hace posible la mía.

Gracias por Tu Amor para conmigo, para con cada ser humano, que nos haces amar no con perfección, pero si con empeño y entusiasmo.

Gracias por la sonrisa, que dejas en mis labios, para poder entregarla.

Sor Rocío Goncet

Sevilla