Cierta dosis de incertidumbre y de misterio son los ingredientes necesarios para dar intensidad a la vida, son la salsa de la auténtica experiencia espiritual. Si eliminamos la incertidumbre de nuestras vidas, de nuestras aulas y parroquias (¡por miedo!), matamos la vida y el Espíritu y evidenciamos nuestra poca fe y confianza en Él.