Eres una obra de arte, ¡descubre!

Campaña de PJV de Familia Dominicana para el curso 2018/2019
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El cartel de la campaña quiere expresar la sorpresa de un descubrimiento: el de la grandeza de Dios que se manifiesta en el ser humano, en cada uno de nosotros y en toda la creación, razón por la que encontramos –de forma destacada- una gran admiración.

Las ciencias, la perspectiva desde la que abordamos esta campaña, no están en combate con la fe, sino que, por el contrario, son una herramienta para este descubrimiento, por ello, en el centro de la composición aparece una persona mirando hacia “arriba”, con actitud de admiración. Una silueta de tonos amarillos y dorados que hace referencia a la dignidad humana como imagen y semejanza de Dios y encargada del cuidado y administración de lo creado. Sus manos abiertas y disponibles son una invitación, además de al descubrimiento, a la utilización del saber científico en la construcción de unas condiciones de vida justas, que respeten esa dignidad de todos y la integridad de lo creado.

Alrededor aparecen elementos que recuerdan a las distintas disciplinas científicas. Los colores tierra y rojizos del fondo evocan al mundo y el amarillo a la luz, al sol, a la alegría del Evangelio que se va extendiendo por la tierra. Junto a ellos aparecen tonos verdosos y azules que plantean una mirada positiva al ámbito científico, cargada de esperanza y posibilidades de paz y justicia.

De forma paralela, estos símbolos de los campos de la ciencia se distribuyen según otro criterio: a la izquierda encontramos la belleza y la exquisitez de una estructura mineral y la sobrecogedora organización y riqueza del ADN, mientras que, en la zona derecha, lo que se representan son elementos tecnológicos y referencias informáticas.

Son dos modos de alcanzar nuestro “descubrimiento” a través de la ciencia: el primero desde el estudio de las maravillas de lo creado y su perfección y el segundo a partir de las obras de las que el ser humano es capaz y por medio de las cuales debe cuidar de la creación.

Por último, las órbitas que rodean al personaje central pueden corresponder a un átomo (el ámbito de lo más pequeño y microscópico) o, del mismo modo, a las trayectorias planetarias (el marco del universo, lo infinitamente grande). Dos extremos, los límites de lo conocido, que se tocan en su extraordinaria complejidad y perfección. En todo ello se puede dar el descubrimiento, tanto en lo más ínfimo como en lo inimaginablemente grande, está la huella de Dios.